En
la bóveda de la tarde cada pájaro es un punto del recuerdo.
Asombra
a veces que el fervor del tiempo
vuelva,
sin cuerpo vuelva, ya sin motivo vuelva;
que
la belleza, tan breve en su violento amor
nos
guarde un eco en el descenso de la noche.
Y
así, qué más que estarse con los brazos caídos,
el
corazón amontonado y un sabor de polvo
que
fue rosa o camino.
El
vuelo excede el ala.
Sin
humildad, saber que esto que resta
fue
ganado a la sombra por obra de silencio;
que
la rama en la mano, que la lágrima oscura
son
heredad, el hombre con su historia,
la
lámpara que alumbra.| Tiempo
infinito II (díptico). Serie Tiempo al Tiempo. Melina Litauer. Más información, haciendo click AQUÍ. |
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