Era
el lúgubre osario... en orden, mudos...
quédome
absorto al remirar la fila
de
cráneos polvorosos y desnudos;
y
atónito, nublada la pupila
en
la visión, soñé los tiempos idos...
y
fue el pasado en su mudez tranquila.
Los
que tanto se odiaron, ora unidos,
rozándose,
mezclaban los despojos
de
duros huesos en la lid partidos,
y
acostados en cruz ante mis ojos,
en
posición de beatitud serena
dormían
dulcemente sus enojos:
vi
en sueltos eslabones la cadena
de
omóplatos en tanto el mundo ignora
¡qué
fardo les impuso la condena!
Y
aquellos miembros ágiles de otrora,
manos
y pies de gracia floreciente,
muestran
su lasitud separadora...
Fatigados
mortales, vanamente
a
lo largo tendidos en la fosa,
ni
allí gozáis de la quietud clemente
¿Quién
ama la ruina pavorosa
ya
así desnuda en la inquietud del día
y
urna otro tiempo de beldad dichosa?
Esa
yerta escritura me decía
a
mí el devoto, lo que extraña gente
signos
sagrados no leía.
Súbito
en medio del montón yacente,
descubro
al fin la fúlgida cabeza
sin
par, helada, enmohecida, ausente,
y
siento reanimarse mi tristeza
con
secreto calor, y dese abismo
un
raudal con vívida presteza,
Lléname
de hondo encanto el cataclismo
al
ver en esa huella soberana
divina
concepción de hondo mutismo...
Y
va mi mente hacia la mar lejana,
que
hace y destruye formas en su seno
aún
más perfectas que la forma humana.
Vaso
de enigmas, otro tiempo lleno
de
oráculos, mi mano desfallece:
no
puedo alzarte en ademán sereno.
¡La
podre lavaré que te ensombrece,
tesoro
sin igual, y en aire puro
ya
libre sol donde el pensar florece!
No
logra el hombre en su sondar oscuro
captar
el todo que la vida escancia
si
Dios-natura cede a su conjuro
y
le dice por qué de la sustancia
deja
exhalar su espíritu que crea,
y
cómo permanece en la sustancia
su
dinamismo genitor: ¡la idea!
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Monumento a Goethe y
Schiller [1857] por Ernst Rietschel (1804 -1861)
|
*Goethe tuvo en su casa (y le dedicó algunos
poemas) al que –erróneamente- creyó que era el cráneo de Schiller.

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