1.2.14

Johann Wolfgang von GOETHE. Meditación ante el cráneo de Schiller.*



Era el lúgubre osario... en orden, mudos...

quédome absorto al remirar la fila

de cráneos polvorosos y desnudos;



y atónito, nublada la pupila

en la visión, soñé los tiempos idos...

y fue el pasado en su mudez tranquila.



Los que tanto se odiaron, ora unidos,

rozándose, mezclaban los despojos

de duros huesos en la lid partidos,



y acostados en cruz ante mis ojos,

en posición de beatitud serena

dormían dulcemente sus enojos:



vi en sueltos eslabones la cadena

de omóplatos en tanto el mundo ignora

¡qué fardo les impuso la condena!



Y aquellos miembros ágiles de otrora,

manos y pies de gracia floreciente,

muestran su lasitud separadora...



Fatigados mortales, vanamente

a lo largo tendidos en la fosa,

ni allí gozáis de la quietud clemente



¿Quién ama la ruina pavorosa

ya así desnuda en la inquietud del día

y urna otro tiempo de beldad dichosa?



Esa yerta escritura me decía

a mí el devoto, lo que extraña gente

signos sagrados no leía.



Súbito en medio del montón yacente,

descubro al fin la fúlgida cabeza

sin par, helada, enmohecida, ausente,



y siento reanimarse mi tristeza

con secreto calor, y dese abismo

un raudal con vívida presteza,



Lléname de hondo encanto el cataclismo

al ver en esa huella soberana

divina concepción de hondo mutismo...



Y va mi mente hacia la mar lejana,

que hace y destruye formas en su seno

aún más perfectas que la forma humana.



Vaso de enigmas, otro tiempo lleno

de oráculos, mi mano desfallece:

no puedo alzarte en ademán sereno.



¡La podre lavaré que te ensombrece,

tesoro sin igual, y en aire puro

ya libre sol donde el pensar florece!



No logra el hombre en su sondar oscuro

captar el todo que la vida escancia

si Dios-natura cede a su conjuro



y le dice por qué de la sustancia

deja exhalar su espíritu que crea,

y cómo permanece en la sustancia

su dinamismo genitor: ¡la idea!



Monumento a Goethe y Schiller [1857] por Ernst Rietschel (1804 -1861)


*Goethe tuvo en su casa (y le dedicó algunos poemas) al que –erróneamente- creyó que era el cráneo de Schiller.

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